La historia
El día pertenece a los antepasados. La luna menguante se lee como el camino que toman los que se han ido, y en la luna nueva se los tiene por más cerca; la ofrenda de agua (tarpaṇa) se hace a tres generaciones por su nombre, con el cordón sagrado sobre el hombro derecho y no el izquierdo.
No es un día de duelo. La obligación va en el otro sentido: los vivos deben a los muertos que se pronuncie su nombre y se vierta el agua, y el día existe para que esa deuda se pague en vez de sentirse.
Como la luna está ausente, también se lo tiene por mal día para empezar nada hacia afuera, que es la otra mitad de lo que se le pregunta al almanaque. Las dos lecturas conviven: vuélvase hacia adentro y resuelva lo que quedó atrás.