La historia
Hòu Yì derribó nueve de los diez soles que abrasaban la tierra y por ello recibió el elixir de la inmortalidad. Su mujer Cháng’é se lo bebió — para que no se lo llevara un ladrón, en la versión amable — y subió a la luna, donde sigue desde entonces con una liebre de jade que machaca medicina.
Él sacaba cada año la comida favorita de ella esta noche y miraba hacia arriba, y esa es la fiesta: no tanto una historia sobre la luna como sobre mirarla desde lejos sabiendo que alguien más la mira.
La luna de esta noche se tiene por la más redonda del año, y redondo es la misma palabra que reunión: la fiesta entera en un solo juego de palabras.
